El emprendimiento es el camino

LTodos los pueblos aspiran al progreso, pero no siempre encuentran el camino para llegar a éste. Cuando los anhelos no se cristalizan en realidades, suele llegar el desengaño y la frustración. Caminar con paso firme por el sendero del desarrollo es el propósito natural de todos los pueblos, sin embargo, sus esperanzas naufragan cuando en lugar de encontrar trabajo, producción y bienestar, se siente acosado por la delincuencia, la desocupación, el sicariato y la pobreza.
La calidad del liderazgo se mide en la capacidad para encontrar el camino del progreso. Siempre es posible hallar cómo y por dónde avanzar, pero para concebirlo se necesita poseer una visión de largo plazo, tener claros los objetivos y firme la voluntad para emprender la marcha dejando atrás intereses personales, caprichos, resentimientos, amarguras o pequeñas conveniencias de las camarillas que suelen rodearle. Quienes se enredan en lo inmediato no pueden avizorar la ruta.
Siempre es posible encontrar el camino acertado, pero cada posibilidad tiene un costo que pagar y la primera pregunta que debe hacerse el líder a sí mismo es: ¿Estoy dispuesto a pagar el costo que exige el propósito y el camino escogido? Nunca hay que olvidar que nada es gratis en la vida. Un viejo refrán popular decía: “No hay milagro sin santo, ni santo sin sacrificio”. El simple deseo no resuelve nada. No importa cuan justa sea la aspiración; sin trabajo, sin esfuerzo y sin sacrificio nada importante se consigue.
Un líder inteligente se da cuenta que el trabajo es arduo y que la lucha es tenaz, sabe que el camino está lleno de desafíos, enormes obstáculos y grandes dificultades, por eso se dedica a sumar fuerzas, convocar voluntades y construir un vigoroso proceso de unidad nacional con todos los sectores sociales. En la unidad está la fuerza de la historia. Los retos son demasiado grandes como para pensar que el camino del progreso es como una autopista de alta velocidad, perfectamente asfaltada, muy bien señalizada y sin obstrucciones. Nada es fácil en el emprendimiento. Es indispensable tener fuerza y habilidad. Estas son dos cualidades imprescindibles en el auténtico liderazgo, porque muy poco es lo que puede conseguir la una sin la otra.
Dividir y confrontar es contraproducente porque debilita y consume energías inútilmente. Innumerables son las buenas intenciones que han fracasado, por la falta de habilidad para sumar fuerzas sociales. Aislarse es comenzar a perder. Abrirse frentes por todas partes es caminar por un campo minado por uno mismo. En la vida no hay enemigos pequeños. Crearse adversarios o subestimarlos, no les hace más débiles ni más pequeños, pero si pone en evidencia la falta de inteligencia de quien así se comporta.
No son pocas las veces en que es preciso “dar un paso atrás para dar dos adelante”. Esto no es nuevo, lo sabe todo emprendedor. Solo los novatos creen que la historia avanza por un sendero lineal y se asustan cuando las circunstancias obligan a desandar los pasos ya recorridos. No hay recetas y nadie ha podido repetir las experiencias de otros. Es indispensable ser creativo e innovador, pero sobre todo realista para darse cuenta que la vida solo existe en la dimensión de lo concreto que se manifiesta en el ahora y aquí.
No hay que confundir lo deseable con lo posible, no hay que reemplazar a la realidad con las fantasiosas ocurrencias que suelen confundir las mentes calenturientas de quienes creen que pueden caminar a la velocidad de sus ilusiones. A la vida no se le puede sorprender ni engañar. No se puede quemar etapas. No se puede brincar por sobre los escalones de la historia. Una cosa puede estar escrita en los libros o expresada en los consejos de los asesores, pero la realidad siempre es concreta y pasa factura a todo intento de contrabandearla. Hace mucho tiempo se dijo: “se puede engañar a pocos por mucho tiempo y a muchos por poco tiempo, pero nunca a muchos por mucho tiempo”. Nadie puede hacer trampas a la vida. A veces la prestidigitación de la palabra puede confundir y hasta obnubilar, pero eso permanece muy poco. El espectáculo solo dura el tiempo de la función y toda función se acaba. Cuando llega el final de la tragicomedia los espectadores regresan a su realidad.
Siempre hay un hilo conductor entre el inicio, el camino y el final. El objetivo debe ser compatible con el sendero y los dos con la naturaleza del caminante. Si lo que se quiere es construir una sociedad donde todos sus integrantes tengan trabajo, desarrollen su talento, sean libres y tengan un nivel de vida compatible con la dignidad humana, donde la justicia brille y la democracia garantice el respeto a los derechos humanos en su integridad, una sociedad donde no exista corrupción, despotismo, arbitrariedad ni atropello, entonces, el camino para llegar a ésta no puede ser otro que el emprendimiento porque el ser humano es un emprendedor por naturaleza.
Una sociedad se considera desarrollada cuando los emprendimientos grandes, medianos y pequeños crean y comparten riqueza social abriendo oportunidades para todos. A ese desarrollo solo se llega si desde el comienzo se estimula y se crean las condiciones propicias para que cada mujer y hombre emprendan en una actividad productiva.
El ser humano nace con todo el talento y la energía para crear y producir, la sociedad no debe distorsionar, perturbar ni frustrar esos atributos naturales, pretendiendo someterle perversamente a la mendicidad y la impotencia. Las sociedades donde todos sus miembros producen son sociedades desarrolladas, en cambio aquellas que impiden y obstruyen la producción son pobres y su gente se debate en la miseria.



César Alarcón Costta



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