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Un servicio con
sentido humano


La visión humanista conceptualiza al servicio como una vocación que inspira, motiva y estimula el trabajo social, para promover el desarrollo espiritual y material del ser humano, tanto en su dimensión individual como en su dimensión colectiva.
De acuerdo con cada óptica filosófica, el concepto de servicio varía desde su consideración utilitaria y pragmática que lo caracteriza como un medio propicio para elevar la eficiencia, la competitividad y la rentabilidad empresarial, hasta la visión del servicio como expresión de compromiso vivencial de promoción, solidaridad y autorrealización integral del ser humano.
El servicio no se define por sí y ante sí, ni en forma independiente del propósito al cual se encamina. Objetivo, intención, voluntad, acción, servicio y resultado, se articulan en la dinámica de los procesos sociales de tal manera que en cada uno de esos ámbitos se revela el ánimo que impulsa a su actor.
Cuando el objetivo central es lo económico, el servicio fácilmente es reducido a la simple condición de instrumento subalterno de las variables de la rentabilidad financiera, mientras lo humano es resignado a un esquivo segundo lugar. Cuando esto ocurre, no importa tanto el servir cuanto el servirse. La calidad de vida es eclipsada por los indicadores del volumen de consumo. Se privilegia lo cuantificable y se enaltece lo material, mientras se subestima y hasta se desprecia el valor de la sonrisa, la solidaridad, la generosidad o la gratitud.
El servicio como vocación inspirada en principios, valores y virtudes, da contenido humanístico al trabajo, que así deja de ser una simple forma de empleo, y pasa a constituirse en una oportunidad de autorrealización humana para todos sus actores -proveedores y receptores- que son protagonistas de un proceso social, en el que todos a la vez reciben y aportan.
El ser humano es una integralidad espiritual y material de cuerpo, energía, emociones, inteligencia, intuición y alma. Está dotado de talentos, capacidades y destrezas, que a lo largo de los doscientos mil años de existencia como especie, le han permitido alcanzar sorprendentes triunfos científicos y tecnológicos en los más diversos ámbitos y de modo particular en la informática, la comunicación satelital, la ingeniería genética, la productividad. Sin embargo, a pesar de toda la riqueza generada, paradójicamente, muchos son los millones de seres humanos agobiados por la pobreza, la enfermedad y la ignorancia.
Entre la tecnología como elementos de la instrumentalización, y la humanidad como sujeto y objeto de la historia social, media la conciencia que permite al ser humano darse cuenta de su propia condición de protagonista y reconocer la naturaleza de los instrumentos que ha creado, como recursos útiles para su bienestar colectivo.
En ausencia de la conciencia, la confusión de medios y objetivos obnubila el pensamiento y lo enajena hasta el extremo de inducirle a creer que los medios son fines y que los seres humanos son piezas de un anónimo engranaje al servicio de los balances contables, las cotizaciones en bolsa y los indicadores macroeconómicos.
El servicio, humanísticamente entendido, es el puente entre la ciencia y la conciencia. Si la sociedad no transita por ese puente, la “ciencia sin conciencia” se torna en la más espantosa amenaza. Su poder alcanzará dimensiones apocalípticas y su estela de destrucción no dejará resquicio sin arrasar.
La globalización como realidad del mundo de nuestros días, constituye el marco general del que no escapa ninguna colectividad, y en todas difunde intensivamente ideas, paradigmas, modelos y estereotipos para promover la vorágine consumista mediante una publicidad científicamente elaborada para dirigir preferencias, forjar aspiraciones masivas e imponer patrones de consumo, mientras el ser humano va siendo reducido a la condición de cliente certificado por la tarjeta de crédito y su mágico número que abre las más variadas puertas.
En la misma proporción en que la sociedad siga sometida por la publicidad dirigida a exacerbar emociones e instintos, el vacío existencial de angustias y desesperaciones continuará asfixiando a millones de seres humanos.
Sin la visión humanista, el servicio se desvirtúa y se convierte en una transacción marcada por el signo monetario y medida por el índice de rentabilidad.

César Augusto Alarcón Costta



Dr. Cesár Alarcón Costta
Dr. cesár Alarcón Costta



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