Cuando el ser humano toma plena conciencia de sí, se plantea dos cuestiones fundamentales, cuyas realizaciones o no dejan un sello indeleble en su existencia: qué rumbo tomar en la vida y cómo aprovechar el tiempo que, a medida que cumplimos etapas, se nos va acortando inexorablemente. Lo cierto es que de la solución acertada de estos problemas, depende en gran medida el éxito de nuestras vidas.
Pero, ¿qué puede hacernos felices, a veces, porque se ha comprobado hasta la saciedad que el estado de felicidad permanente es imposible? Pensaríamos que el acto de dación a nuestros semejantes, no el egoísmo; la cordura, el recto juicio, la integridad en el comportamiento y en la realización de nuestros actos, una buena dosis de bondad para con nuestros semejantes, ¡y no solamente para con ellos!, en virtud de que no hay vigencia real de la excepción humana y, por supuesto, los afectos y comprensiones que se reciben en el seno familiar y de los amigos.
Sin embargo, conscientes de que somos moradores pasajeros de esta gigantesca nave que es la Tierra, ¿qué preocupaciones acuden a nuestra mente cuando hemos llegado a una edad que, con eufemismo comprensible, la denominamos “respetable”, “tercera edad” o inclusive “adultez mayor”?. A este respecto me viene a la memoria la sabiduría de aquel legendario estadista y personalidad multifacética que ha dejado su huella imperecedera en la historia mundial, Solón, quien fue un auténtico sabio, un gobernante de excepcional capacidad, un poeta de gran inspiración. Hace unos 25 siglos atrás, dijo en su lengua nativa algo muy elocuente: “Envejezco aprendiendo muchas cosas”.
Efectivamente: ¡Qué bueno y reconfortante para el espíritu y para el ser en su conjunto, aprender tantas cosas interesantes!, a medida que transcurre el tiempo y vamos envejeciendo, tanto más que en estas últimas décadas, contamos con la posibilidad no solamente de leer los buenos libros, sino también de convertirnos en cibernautas y mantener atareado nuestro cerebro. Semejante actividad no únicamente nos brinda múltiples satisfacciones y hace muy llevadero el fardo de los años vividos, sino que nos permite emprender un viaje al pasado, para conocer la palabra de los sabios, o intentar el viaje al futuro, para imaginarnos cómo podría ser el mundo y la vida cuando nosotros ya no estemos aquí.
¿Y después qué? Tan solo legamos el recuerdo, que significa la perennidad de los mortales. La memoria permite recuperar a los finados para el presente, desde el pasado, próximo o remoto, en forma de recuerdos, de evocaciones y es la única terapia contra el olvido, la verdadera muerte.
Pero, inevitablemente, algo debemos decir sobre el fin de la existencia: meditamos en la vida y por ello también pensamos en la muerte, porque ésta significa el término de aquella. Epicuro proclamaba que la muerte no es nada: para los vivos, justamente porque todavía no mueren; para los muertos, porque ya no están en este mundo, pues dejaron de ser.
Sin embargo, a muchas personas les aterra pensar en la muerte (personalmente, no sufro de tánatofobia), pero como enseñaba el célebre filósofo estoico (Carta a Meneceo, 125), ese temible mal -la muerte- no es nada. Así que por esto deberíamos vivir con cierta apacibilidad, dominando las tensiones, neutralizando los miedos paralizantes. Pero sucede que la existencia humana no es un lecho de rosas para todos: la inmensa mayoría sufre privaciones, injusticias, marginaciones, violencias. Ese es el gran problema que todavía no puede remediar el mundo.
De hecho existe otra cuestión, que no carece de importancia y que suele pasarse por alto al momento de filosofar: la perennidad o, si se prefiere, la inmortalidad, que tampoco alcanza a todos. Desde el surgimiento del Homo sapiens en el planeta, han muerto millones de millones de seres humanos en diversas circunstancias y por las causas más diferentes. ¿Cuántas, aproximadamente? Imposible saberlo. ¿Cuántos de ese “mar” de semejantes han pasado a la historia, a la perennidad, a la “inmortalidad”? ¿Cuántos de ellos son recordados por las colectividades humanas, por los pueblos, por las naciones? Un número absolutamente ínfimo y esto de manera fugaz. A la inmensa mayoría le lleva la muerta al reino del olvido, que puede considerarse la verdadera muerte. Por ej., solamente una generación, la de los hijos, recuerda a los progenitores y muy poco o casi nada es el recuerdo que tienen los nietos de los abuelos. También las tumbas desaparecen devoradas por el tiempo; los despojos se convierten en polvo y apenas quedan unos cuantos huesos que han resistido los efectos destructores del tiempo, el clima, las bacterias.
Por lo tanto, ¿existe o no la historia? ¿Quiénes son retenidos en su fino tamiz y, en consecuencia, son recordados por numerosas generaciones y resisten los efectos de los siglos? La perennidad funciona exclusivamente para los grandes benefactores de la humanidad, para los sabios, los conductores de los pueblos, los científicos de las diversas disciplinas, los filósofos eminentes, los literatos insignes, las celebridades del séptimo arte, los artistas, los grandes educadores y juristas. Ellos no sufren la muerte histórica. La perennidad y la historia igualmente rescatan del olvido a los personajes siniestros, como los grandes tiranos, los dictadores despiadados, los genocidas, quienes le han fallado a la sociedad, a la moral, a la justicia, pero su memoria significa la condena eterna y en vida no pueden percatarse, obnubilados por el poder, sea económico o político, que el comienzo de su histórica derrota, que generalmente es irrevocable, se encuentra en los límites de su existencia.
Como quiera que sea ese “abismo” de la historia, es igual de insondable para todos, sin excepción, aunque el eco del descenso de quien se precipita en ese ignoto mundo, en donde morará, como recuerdo, añorado o reprochado, es el último aviso, fugazmente expresado. Por ello vale encontrar, acertada y oportunamente, el rumbo de la vida, actuar conforme a principios morales y humanísticos y procurar, si aquello es factible, que el torbellino del tiempo no nos arrastre prematuramente.
Marco Robles |