Ver más allá de las apariencias, atravesar lo superficial y penetrar en la profundidad de los problemas hasta encontrar su esencia, es la cualidad más importante del emprendedor. En cada aspecto de la vida, lo mismo que en cada objeto y circunstancia, siempre es necesario distinguir con claridad lo que es esencial frente a aquello que solo es manifestación externa o forma. Un viejo refrán de la sabiduría popular advierte: “caras vemos, corazones no sabemos”.
Tras las apariencias se encuentra la esencia. Quien se guía solo por lo externo se equivoca. Para conocer la realidad es indispensable ver lo que está en el fondo. Sólo así es posible pensar bien, tomar la decisión correcta y actuar acertadamente.
El emprendedor no se deja llevar por las emociones del momento, ni cae deslumbrado por las bambalinas que cautivan con su brillo incandescente al espectador ingenuo. El emprendedor no sucumbe atrapado por las fáciles alabanzas de las bonitas palabras, ni se rinde ante las promesas fantasiosas de los cuenteros ilusionistas.
La intuición del emprendedor es ese sexto sentido que le hace ver lo que hay detrás del espectáculo, es esa poderosa visión que le permite reconocer la verdadera intención que se mueve en el fondo del corazón de los seres humanos, es ese atributo innato que le hace comprender que “no todo lo que brilla es oro” y que “el león no es como le pintan”.
El emprendedor intuitivo es sereno y tranquilo, no se arrebata ni pierde la calma por la euforia momentánea de un triunfo, ni se hunde abatido por la tristeza que nace de la desgracia por dura que ella sea. Quien conoce la esencia de la vida valora con madurez cada momento y aprecia con justicia cada suceso.
Intuir no es adivinar ni especular con cualquier ocurrencia a título de probabilidad, tampoco es ese prejuicio del “piensa mal y acertarás” o del simplismo que hasta por deporte “duda de todo”, porque esto es extraviarse en la superficialidad y enredarse en cualquier adefesiosa figuración que confunde lo deseable con lo posible.
Intuir es llegar a lo esencial, es encontrar la auténtica naturaleza de las cosas, es comprender lo sustancial del problema, es identificar con claridad lo medular de cada circunstancia. Intuir es ver lo que no está en la superficie, es ver simultáneamente en un instante con los ojos del alma, el corazón y la mente, es conocer y comprender la realidad en su más recóndita naturaleza. Es percibir lo que vibra en el interior de la calma y lo que permanece quieto en medio de la turbulencia.
La intuición es uno de los más sutiles y nobles atributos del ser humano. La intuición debe ser cultivada y desarrollada con el mayor esmero y dedicación. Es indispensable esforzarse sin fatiga ni hastío en la búsqueda permanente de la esencia de las cosas para no confundir lo principal con lo secundario, lo transitorio con lo permanente, lo urgente con lo importante, lo bueno con lo bonito.
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