Al levantar el nostálgico telón de esta ronda lo queremos hacer intentando con íntimo deseo de aterciopelada suavidad y así acercarnos a pasos queditos, etéreos quizá, caminar pausados y alígeros en la más devota y respetuosa romería filial por el inolvidable espacio de la ínclita tierra Orense y su capitalina ciudad. Acercarnos rebosantes de espiritual emoción deleitosa, sintiendo el caricioso efluvio melódico de la partitura musical gestada, nacida e incorporada desde allí, con todos los honores y merecimientos del éxito a las páginas del pentagrama nacional, y cautivó a voluntad plena de su texto literario y versión rítmica, inmerso en nostálgico “sereno” de ronda serenata , recorrer quiméricas noches de juventud al frescor media nochero esperando anhelosos del furtivo entre abrir de persianas y situarnos al pie de viejos balcones muy cercanos a femeniles sueños adolescentes, dejando que un suspiro enamorado le llegue en humilde plegaria entre los arpegios de la rondalla serenatera del alma, mientras un inquieto duendecillo juguetón y amoroso vaya delicadamente meciendo fragantes rosales de los tradicionales jardines hogareños dejándonos, generosos, aspirar el perfume del pasado sin penas ni pesares, haciendo llevadera y consoladora la realidad de impensada ausencia.
Desde el orillero rumor marino hasta muy allá del corazón profundo de los umbrátiles bosques, la geografía ubica y el pensamiento graba en los seres la brillante áurea de Machala. Allí el caminante de muchos confines encuentra terrenal Edén, el hontanar de magnánima hospitalidad saciando su sed de sosiego, atemperando fatigas de largos caminos, aprovisionándose con largueza de ese exuberante presente al hallar acogedor sitio para, junto al generoso habitante nativo, iniciar nueva y promisoria etapa vital; esta gente de valía, bien nacer, vivir y hacer, al fijar temporal residencia o definitiva que son los más, sienten el lógico de afortunada estadía saboreando el dulzor del manjar honrada y laboriosamente conseguido, enraizándose en la profundidad del alma machaleña.
Machala ciertamente a dejado muy atrás el antaño tranquilo, reposado, de provinciana quietud; continua si, indesmayable, cultivando los mejores valores de trabajo, honestidad, sin tregua fomentando, materializando proyectos, realizando arte, culturas, etc. Abierta y acogedora a la buena amistad, compartiendo alegría y festejos de gloriosas fechas cívicas, celebraciones sociales, fiestas religiosas patronales y con inmensa satisfacción hoy lo hace también cantando un pasillo, su pasillo, que un artista músico zarumeño integrado de corazón al convivir machaleño, retribuyendo el aprecio afectivo de la acogedora ciudad, impregnó de arrullos melódicos los versos del bardo machaleño KLÉVER FRANCO CRUZ, vertiéndole a cada palabra, cada estrofa, la esencia susurrante de notas musicales sutilmente extraídas a su rítmica inspiración y que, hecha canción, ha penetrado tierna y hondamente en el sentir espiritual de los conciudadanos.
MACHALA, AMOR Y ESPERANZA honra y hermosea esta Ronda dándonos acariciadores sonidos de laudes que despiertan el pretérido, hoy acrecentado de encanecidas memorias gratísimas, humedecedoras de los ojos con el rocío sentimental al escuchar la relevante poesía de Kléver Franco Cruz, poeta y educador, describiéndonos el paisaje del solar nativo, pintándonos y diciendo en bello lenguaje lo admirable y significativo que es la tierra nuestra. En esa dulcedumbre poética, el Compositor ecuatoriano JOSÉ ANTONIO JARA el popular, querido y cariñosamente conocido “Chazo Jara”, dejó remanzarse delicadamente la vocación armoniosa de su sensibilidad musical para que florezcan galanas es expresión de pasillo.
Esta gustada canción de valer y virtuosismo no se ha confinado a ser ejecutada y oída solamente en la comarca, los artistas y medios de difusión respectivos, la llevan por todos los ámbitos donde se encuentra un gustador de la canción pasillo; Cierta ocasión escuché preciosamente interpretada por la Rondalla de Médicos Orenses residentes en Machala, una velada televisada excelente, fue una “puesta en escena” deliciosa, la escuché con perceptible apretujamiento del corazón, latiendo arrítmico, viviente aún por concesión bondadosa del Creador; con la armonía de esa canción vuelan rejuvenecidos los recuerdos a retozarse de gozosa infancia y mocedades alumbrándose plenamente la nómina de familias, amistades, conciudadanos, conservada intacta a la distancia de los años y, la mente los tiene sin olvidos ni omisiones en inagotable nectario de realidades y sueños.
Hemos deseado, con los cordajes del alma vibrantes de emociones, intentar aunque sea con las limitaciones de humanas capacidades, acopiando todo el caudal de “Amor y esperanza”, levantar quizá la última en silente actitud confidencial, este ajadito, frágil y raído lienzo ilusorio, cubridor romántico de “Ronda de los pasillos”, pero con todo el candor y franqueza del que se enorgullece la gente Orense y deseoso como ella, engalanarse fiesteramente, escuchar como cantan su pasillo llena de finura, sonoridades melodiosas, con una límpida ilusión, admirando y recreándose con la eterna luminosidad tropical que emana de la infinita ternura acogedora de ti.En un lejano día del siglo XX
Leonardo Rentería Gálvez
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