Don Antonio Martínez es un empresario del ramo textil, que al cabo de 4 años de intenso trabajo, ha llegado a formar una importante microempresa, en la que junto a su socio Juan Ramírez, trabaja su esposa y 4 personas más. Su desempeño es óptimo, pero, en el último tiempo ha tenido problemas en su trato con las personas. En consecuencia, la operación de la empresa no ha sido la de costumbre.
El problema es que “me gusta que las cosas salgan muy bien”, comenta Don Antonio, “además como representante de la empresa, debo responder para que todo sea realizado según los planes y en función de alcanzar el objetivo” argumenta tratando de justificar sus reacciones.
Algunos momentos desagradables han ocurrido en el devenir de esta microempresa y sin duda, todo sigue su marcha, pero por supuesto, podría ser bastante mejor, si un ambiente más amigable y relajado se desarrollara en este negocio, piensa en voz alta su socio Juan Ramírez.
Se nota un ambiente tenso, algo agresivo, la calma no es segura, los errores muy pocas veces son aceptados, en cualquier momento puede suceder algo que desate un instante tenso.
Esta escena puede ocurrir frecuentemente en nuestro lugar de trabajo, los motivos son muy variados, inician por un pequeño mal momento de estrés, irritabilidad, descontrol, o puede estar convirtiéndose en una reacción cotidiana, bastante negativa si se llega a hacer costumbre y lo que es peor, parte de los hábitos de trabajo de un equipo u oficina.
La Inteligencia emocional ha evolucionado desde sus inicios a partir de 1987, cuando Howard Gardner, con su teoría de las inteligencias múltiples, plantea la idea de que existen 7 aspectos que marcan la capacidad para resolver problemas o elaborar productos útiles en un contexto social, entre ellas enuncia la inteligencia personal y dentro de esta, diferencia entre la inteligencia interpersonal e intrapersonal. Luego en los años 90´s Salovey y Mayer, argumentan que es importante ser consciente de los sentimientos y tener la intención automática de cambiarlos si estuvieran en puntos erróneos, por ejemplo el ser conscientes de nuestro humor.
Más tarde, en 1996, Daniel Goleman plantea la inteligencia emocional como tal, se trata de mejorar las relaciones interpersonales, otorga fortalezas que, partiendo de la autorregulación desarrollan conciencia propia de las emociones, esto es autoestima y el positivismo necesario para saber de que es capaz el individuo, para que junto con la adecuada motivación y auto motivación, produzca la capacidad de comprender los factores trascendentales, tener presentes las necesidades de los demás, esto es la empatía , todas estas fortalezas una vez desarrolladas, van a producir un rasgo muy importante en las personas con un estilo de liderazgo interesante, la habilidad social, esta no significa mas que la facultad de conducir las emociones de los demás, fortalecer lazos entre las personas, hacer que las diferencias se enfoquen a aprovechar cada una de las perspectivas y generen un resultado más global y amplio. Ser capaz de manejar las emociones es el arte de mantenerlas en un punto sano, donde se hacen imprescindibles las dos habilidades: autocontrol y empatía. Su buen manejo lleva al éxito en la conducción de las personas, a integrar e incrementar el radio de acción del grupo, y su déficit, al fracaso de liderazgo o a malas relaciones interpersonales. El manejo de las relaciones sociales permite facilitar los encuentros, dar forma a consensos, iluminar a otros hacia ciertos aspectos que por miopía no se visualizan previamente, persuadir a ciertos comportamientos e influir y tranquilizar a los demás.
Mientras más destreza tenemos para el manejo de estas habilidades, más contagioso se hace cierto estado de ánimo, se desarrolla la sincronía grupal, avanza el crecimiento personal y la calidad de vida en las personas que la practican.
Al comienzo de este tipo de aprendizaje, muchas personas pueden ponerse algo tensas, el género masculino muchas veces lo toma como una muestra de debilidad, tiende a sentirse expuesto y puede pensar que pierde control y poder en el aspecto laboral y personal. Sin duda el aprendizaje emocional no solo implica expresar sentimientos, sino conocerlos, controlarlos y conducirlos hacia los objetivos deseados.
El desarrollo y la aplicación de estas habilidades por parte del emprendedor, puede ser un factor determinante para el mejoramiento de muchos puntos estratégicos, desde mejorar el ambiente y clima laboral, las relaciones con proveedores y clientes, considerable crecimiento en negociación, pues, abre nuevas perspectivas cuando de buscar más caminos para llegar a acuerdos y conducir a las personas se trata. Sin duda el factor más importante a mi manera de ver es el desarrollo del talento humano, su crecimiento y retención pueden ser apoyados por estas útiles habilidades que desde luego todos podemos desarrollar y aprovechar de sus beneficios.
Ing. Iván Peña Bossano
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