Nos guste o no, el Fútbol, es el deporte con mayor convocatoria en el Mundo; es un fenómeno sociológico con implicaciones económicas, políticas, culturales; genera pasiones, alegrías, tristezas, orgullo, ilusiones, decepciones, asombro; ha posicionado a los países; ha logrado hacerlos conocer y promocionarlos turísticamente; ha desatado ambiciones para tratar de acercarse a la danza de los millones que giran en torno a su actividad; se ha convertido en medio e instrumento para el ascenso social y económico; genera polémicas, controversias, conflictos, violencia, pero también solidaridad, hermandad y unidad, aunque fuere de manera ocasional; ha servido de escalera para la promoción política; ha construido personajes y fabricado nuevos ricos. Ha servido como distracción y cortina de humo, para construir un mundo futbolizado, que en cambio ignora y se despreocupa de los graves problemas que afronta la humanidad como las guerras, la violencia, la segregación, la pobreza, el hambre, la corrupción, la destrucción ecológica del planeta.
Buena parte del Ecuador, hemos disfrutado de los triunfos de nuestros equipos o selecciones en los eventos internacionales. Mediante dos participaciones sucesivas, como que nos acostumbramos y hasta nos sentíamos con derecho para asistir a todas las citas mundiales de las selecciones de mayores. Por ello, nos causó decepción y hasta hoy nos lamentamos el no haber clasificado para el Mundial de Sudáfrica 2010, mientras soñamos y esperamos estar en el Mundial 2014 a jugarse en Brasil.
No obstante, tenemos la impresión de haber iniciado la marcha hacia el Mundial 2014, con el pié cambiado y ha medida que el proceso discurre, encontramos motivos para el pesimismo, la desconfianza, la inseguridad, el descontento, la incertidumbre, el desconcierto, el enojo y la beligerancia.
No soy un fanático del fútbol; no me considero un conocedor o entendido; apenas un observador algo informado. Y, con esos elementos, arriesgo un breve análisis, que habrá de conducirme al título de este artículo: CRONICA DE UN FRACASO ANUNCIADO.
Comenzaré diciendo, que la no clasificación al Mundial Sudáfrica, nos desinfló económicamente, porque dejamos de percibir como nueve millones de dólares solo por no participar, sin contar lo que se pudo ganar participando y superando al menos la primera fase; la no participación, se tradujo en un descenso vertiginoso de nuestra selección en el escalafón de la FIFA y con ello, menores expectativas e interés para auspiciantes; menos posibilidades para encontrar rivales de peso para partidos amistosos; menos plata por derechos de Televisión; menos interés por nuestros jugadores, truncándose la posibilidad de que más jugadores adquieran experiencia en Ligas de mayor competividad. Esta pobreza se tradujo en una tardía contratación del técnico; contratamos lo que estuvo más a mano y lo asequible económicamente, no lo que nos convenía. En efecto, después de varios técnicos colombianos, el fútbol del Ecuador se volvió repetitivo, aburrido, predecible, descifrable y neutralizable, por utilizar un planteo o estilo de juego ya conocido por todos; es decir, renunciamos, a la posibilidad de avanzar con nuevos planteos o esquemas; conseguir efectividad, aprovechar el factor sorpresa; potenciar y utilizar adecuadamente a los jugadores. A la par, una plana dirigencial que permanece más de lo debido conduciendo los destinos del fútbol nacional, olvidando los tiempos en que por lo mismo se cuestionó a otros directivos enquistados por períodos prolongados en puestos de dirección.; que se acostumbraron a los placeres y privilegios del cargo; que manejan los amarres y la distribución de beneficios para granjearse respaldos; que ha logrado aproximarse y disfrutar de los fabulosos recursos que maneja la FIFA; esta larga trayectoria, hace que los Directivos se vuelvan expertos en el manejo de las cosas; que sepan cómo hacerlo, como maniobrar, como favorecer a alguien. Para nadie es desconocido, que hoy los equipos se financian en gran parte de la venta de jugadores, para lo cual hay que promocionarlos y que la selección es una buena vitrina. ¿Será por ello, que en las sucesivas convocatorias aparecen convocados los que no deberían estar y se deja fuera a quienes si deberían ser llamados?; esto, sin que importen los malos resultados, los severos cuestionamientos y crítica del Periodismo Especializado. Al cabo de doce partidos preparatorios, dos victorias son poca cosa y eso que nos hemos enfrentado a rivales de medio pelo. Observamos a una Selección que no juega a nada; que no tiene claridad; que se descompone en medio de los partidos; que no sabe mantener resultados; que se conforma con poco y se repliega a defender un magro resultado; que incurre en ingenuidades imperdonables; que entrega mal la pelota; que se desvanece y hasta exaspera con un juego negativo e inefectivo de pases cortos, laterales y hacia atrás; que ha presentado una línea defensiva que da todas las facilidades al rival; que carece de fuerza, presencia y efectividad en el ataque, como para suponer que no son capaces de hacer un gol aunque el rival jugara sin arquero; con jugadores que no dan la talla en la selección a pesar de rendir en sus equipos; con jugadores que pecan de individualismo y buscan promoción personal y olvidan jugar en equipo. ¿No habría sido deseable un Técnico que les hiciera entender a los jugadores que la pelota hay que meterla en el arco contrario y que en lugar de 30 pases que terminan en un casi gol, bastarían 3 o 4 pases largos, rápidos, profundos y un disparo bien realizado que termine en gol?
Un Técnico apático, dubitativo, porfiado y quizá influenciable, ha persistido en los mismos errores; se ha continuado convocando jugadores que no han rendido en la Selección, como Oswaldo Minda, Juan Carlos Paredes, Jaime Ayoví, Joao Rojas, Benitez, Isaac Mina; se han dado pocas oportunidades a otros como Montero, Felipe Caicedo, Edison Méndez, Jofre Guerrón; se ha cerrado a la posibilidad de observar jugadores con experiencia y calidad como Ulises de la Cruz, Giovanni Espinoza, Carlos Tenorio, Norberto Araujo, Cristian Suárez, Félix Borja. Al Técnico le ha faltado también autoridad para exigir que los equipos nacionales y del exterior pongan a disposición de la Selección los jugadores requeridos con el suficiente tiempo y anticipación y organizar ciclos de entrenamiento productivos.
Queremos una selección con juego rápido, preciso, efectivo, vertical, colectivo, sorpresivo, vigoroso. Sin embargo, lo que hoy tenemos, dista mucho de aproximarse al modelo deseado y ya hechas maletas, es inútil esperar que las cosas cambien. Que me tilden de pesimista y amargado si no acierto en mi vaticinio, pero creo, que como van las cosas, no nos esperan sino fracasos, tanto en la próxima Copa América como en la eliminatoria mundialista. Para que no se diga que es fácil opinar cuando las cosas están dadas, dejo constancia que este artículo se fecha el 15 de junio del 2011, aunque quizá para cuando vea la luz pública esté rodando ya el balón en la Copa América.
Si alguna recomendación sirve, los Directivos de la FEF, deberían tener la entereza para tomar al toro por los cuernos y aplicar correctivos a tiempo, comenzando por cambiar el cuerpo técnico. BASTA DE AUTOENGAÑARSE Y BASTA DE SEGUIRNOS ENGAÑANDO. LAS ILUSIONES CABEN, CUANDO SE FUNDAN EN HECHOS CIERTOS Y MEDIBLES.
*Hugo Ibarra
*PROFESOR UNIVERSITARIO
hugoibarraparra@hotmail.com |