El campo ecuatoriano.
EEn circunstancias en que la Universidad ecuatoriana es objeto de cuestionamiento por parte del Presidente de la República, en tanto que la Asamblea Nacional tramita la nueva Ley de Educación Superior, como hombre universitario, me parece oportuno hacer algunas reflexiones sobre ella y señalar lo que en mi opinión debe ser el camino a tomar.
Con honestidad, debemos reconocer que la Universidad ecuatoriana, no solo que se ha sumido en la mediocridad, con algunas excepciones; y, aclarando que existen elementos diferenciales significativos entre unas y otras, es preciso señalar, entre sus deficiencias, que ha caminado divorciada de la realidad, en tanto no se ha compenetrado de la problemática socioeconómica que afrontamos y de los retos que debe asumir en el desarrollo nacional, proveyendo al país de los profesionales que se requieren, dotados de la visión y formación indispensables para contribuir a la transformación de nuestra sociedad. Ha perdido incluso su rol orientador y posición crítica frente a la conducción de los destinos nacionales, por el poder de turno.
Masificación estudiantil, politización, deficiencias estructurales, insuficientes presupuestos, ausencia de investigación, improvisación y falta de formación y actualización académica de sus docentes; docencia ejercida en su mayoría a tiempo parcial, con bajos sueldos, sin estímulos de ninguna clase ni posibilidades de promoción; aparte de corrupción, evidenciada en la práctica sistemática de favoritismos, tolerancia al incumplimiento de responsabilidades, falta de control evaluación y seguimiento de procesos, son algunas de las manifestaciones de la crisis en la universidad pública del Ecuador de hoy. No obstante, es necesario señalar la enorme responsabilidad de los sucesivos gobiernos frente a la problemática universitaria, empeñados como han estado en atacarla, desprestigiarla, estrangularla económicamente, ignorarla en la planificación estatal y lo que es peor, vengarse de ella, dando paso a la masiva aparición de Universidades Privadas, en realidad, caricatura de Universidades, en su enorme mayoría, que han hecho de la educación superior un vil negocio. Enerva al espíritu, ver como esas Universidades ofertan hoy frondosos programas de Postgrado, de ínfimo nivel académico, que incluso encubren la venta de títulos y diplomas. Para ser más objetivos en el señalamiento de la responsabilidad del Estado en la crisis de la Universidad, bastaría con mirar cifras referentes a la inversión de nuestro país en investigación científica, ciencia y tecnología y compararlas con el resto de países en la órbita Latinoamericana y verificar la posición que ocupamos.
Estamos de acuerdo en que la Universidad ecuatoriana debe comprometerse con el desarrollo nacional; que no puede continuar separada de los sectores productivos, con los cuales requiere forjar acuerdos y compromisos y que aquellos deben entregarle su confianza y apoyo y trabajar juntos para impulsar el desarrollo tecnológico del país, el mejoramiento de la producción, de la productividad y competividad. Mas, es necesario puntualizar la responsabilidad del Estado, en la provisión de la materia prima que se entrega a la Universidad, esto es, los jóvenes Bachilleres, que deben arribar a las aulas universitarias con la preparación adecuada, sentido de responsabilidad y preparación en valores, para que la Universidad pueda profesionalizarlos y enrumbarlos en forma definitiva. Por otra parte, docentes suficientemente preparados, con mística y dedicación exclusiva e investigación científica permanente y sistemática, exige de nuestros Líderes algo más que discursos y palabras, requiere de la asignación de recursos suficientes y permanentes, cuya asignación esté prevista y determinada en la ley y no dependa de la voluntad del gobernante de turno.
Es penoso constatar cada año en las aulas universitarias, el progresivo deterioro del sistema de educación nacional, que implica que los Bachilleres llegan a la Universidad, con un bajísimo nivel de preparación, sin hábitos de estudio, sin motivación, sin valores, con desconocimiento absoluto de los procesos de investigación y sin ninguna orientación vocacional, lo que se traduce en bajo rendimiento académico y elevados porcentajes de deserción, con ingentes pérdidas económicas para el Estado. Por lo mismo, la responsabilidad del Estado, en el mejoramiento del sistema educativo en los niveles anteriores es fundamental para que la Universidad pueda cumplir su misión.
Estamos conscientes de que no puede haber desarrollo nacional, si nuestro mayor recurso, el recurso humano, no es debidamente potenciado; aquello supone, hacer posible que nazcan niños sanos, robustos y con asistencia médica en el parto; que reciban la atención y cuidados necesarios en sus primeros años de vida; que crezcan con alimentación suficiente y de calidad; que cuenten con atención apropiada en salud; y, que el sistema educativo en todos los niveles, les forme y dote de los conocimientos que los convierta en ciudadanos útiles para la nación. Esta es una responsabilidad y tarea compartida y cada quien debe cumplir la parte que le corresponde; la Universidad, es la responsable de su formación profesional y del desarrollo de sus talentos, para generar ciencia y tecnología; para investigar los problemas nacionales y proponer soluciones; para promover el cambio y transformación de la sociedad; para contribuir a solucionar el subdesarrollo y la pobreza. Requerimos con urgencia, acortar la enorme brecha que nos separa del mundo desarrollado; necesitamos transitar hacia la sociedad del conocimiento, para utilizar la ciencia y la tecnología como herramientas liberadoras, que se traduzcan en avance social, progreso, dignidad y libertad para el ser humano. Esa es la tarea y la responsabilidad de la Universidad de hoy, que debemos ser capaces de asumirla con entereza, con convicción profunda, con responsabilidad social y con amor profundo a la Patria y a nuestro pueblo, al cual nos debemos.
Creemos que es saludable para este propósito un nuevo marco legal, que debe ser resultado de la toma de posiciones, meditaciones y reflexiones de quienes hacemos el mundo de la Universidad, que nos lleve a dejar las sombras y buscar la luz. Habemos muchos dispuestos a avanzar, con espíritu crítico para reconocer errores y rectificar; pero lo haremos como hombres libres y pensantes, no arrebañados, ni cumpliendo órdenes o consignas de nadie. En la hora de la responsabilidad, que cada quien se ocupe de lo que le corresponde.
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