Hugo Oquendo Silva
Feliz encuentro con el más grande de la guitarra


Un glorioso día cuando el sol brillaba en el cenit, en una calle del Quito heroico tuve la suerte de encontrarme frente a frente con el gran maestro Don Hugo Oquendo Silva. Sus rasgos y actitudes me ubicaron inmediatamente en el salón máximo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana donde algunos años antes había aplaudido su ejecutoria artística. Desde el primer instante afloró aquella admirable  sencillez propia de la grandeza, es que Víctor Hugo Oquendo Silva es el mejor guitarrista ecuatoriano de todos los tiempos. Nació en Quito el año 1929, fueron sus padres el Dr. Juan Luis Oquendo Hidalgo, hombre de gran sensibilidad humana y Matilde Silva Echanique, de quien recuerda notables lecciones “no mires las piedras Hugo, camina mirando alto, solía decirme”. Estirpe de talento y arte, sin duda lleva en la sangre, fue su abuelo Juan Antonio Oquendo Salas, linaje del genial grupo de artistas de la pintura nacional, su tía, Mercedes Elena Silva Echanique, “Michelena”, compositora del pasillo “Carnaval de la vida”, interpretaba varios instrumentos igual que sus padres. Convencido de haber recibido ese halo musical desde el vientre materno, comenta sus sueños y lides que han hecho vibrar una trayectoria con matices superiores. Grandiosamente sensitivo y magistral en el relato, refiere su diálogo infantil con el primer toro, en el aula de clases, frente a su profesor Cedillo “ reclamaba mi falta de atención, amenazaba con golpearme en las manos, le dije que acepto cualquier castigo, menos dañar mis manos que darán gloria a la Patria. Mis compañeros sin comprender, reían y me pedían autógrafos,…algún día les dije,… y en esta escuela se colocará una placa; efectivamente, tras muchos años, reposa allí una placa que reza: aquí estudió Hugo Oquendo”.
Predestinado a cumplir sus sueños, toreó desde los 11 a los 23 años en Ecuador, México y Venezuela, lapso en que otros episodios iluminaron su vida. A los diecisiete años, en su primer viaje a Venezuela se relacionó con Marcos Pérez Jiménez, sus estudios  musicales los realizó en aquel país y en España, desarrollando un sentido creativo de la guitarra. Viajó a Colombia y finalmente se radicó en Italia. “Allí me preguntaron sobre mis sueños, dije que anhelaba tocar para el Papa, pues era el pedido de mi madre” fue al Cardenal Albino Luciani (Papa Juan Pablo I) a quien le regaló un disco en nombre del Ecuador, el vínculo para llegar a la Capilla Sixtina, componer un Ave María y tocar para el Papa  Paulo VI. “En el concierto, junto al Embajador Ecuatoriano, recuerdo que interpreté también el poema Indio y la Malagueña, mencioné que en mi guitarra está el corazón de mi pueblo; al finalizar el Ave María el Papa tenía una lágrima, bendijo mis manos diciendo que servirán para regocijo de la humanidad. Le pedí esa lágrima en mi pañuelo para mi madre que está en su tumba con ese recuerdo sublime”.
El Paganini de la guitarra, según los medios de comunicación, por reminiscencia del episodio ocurrido en 1975 en el Teatro Escala de Milán donde interpretaba su “Sinfonía de la Esperanza” en un concierto benéfico, se le rompió la primera y segunda cuerda pero Oquendo continuó tocando sin interrupción, entonces se recordó al maestro Nicolo Paganini quien en el mismo teatro siguió tacando cuando se rompió una cuerda de su violín.
 “yo no toco para el público, yo toco para mi, cuando toco entro en trance y lloro”, lo paradójico es que en su vida cotidiana el maestro Oquendo es diáfano y vital, parecería que sus largos años de vida en Italia no sólo afinaron la magia de sus manos en las cuerdas sino la calidez de su alma.

En reciente presentación en Budapest por gestión de Don Francisco Salvador Moral, Cónsul Honorario, hizo llorar a los húngaros. Como Embajador del Rotary Internacional  está preparando un concierto para presentarlo en Viena, la meca de la sinfonía.
“El futuro es muy grande, en la noche acostumbro orar y le digo a Dios que no me ha llegado el momento, lo primero es mi libro, editado por la familia Eljuri en un tiraje de 5.000 ejemplares que se presentará pronto, posiblemente el 24 de mayo, pues Víctor Hugo Oquendo Silva esporádicamente regresa a su Patria para reencontrarse con los escenarios nacionales portando sus dos guitarras cuencanas y una española aunque en se mente se mantiene la imagen de aquella, la primera, la pequeñita que le regaló su padre, a medida de sus manitas de niño genial, “el niño de la guitarra”.

 



Hugo Oquendo
HUGO OQUENDO SILVA


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