En Quito se instaló y funcionó eficientemente la primera fábrica de la refrescante bebida y además alimento y medicina natural, bebiendo con moderación, por su alto contenido de vitaminas, sales minerales, proteínas y fibras carbohidratadas, la cerveza.
El espumoso refrescante producto, fue producido por primera vez nada menos que en el Convento de San Francisco de Quito, claustro en su conjunto total artístico e histórico en la capital ecuatoriana, ubicada en la Cordillera Andina, a 2800 metros sobre el nivel del mar, Recordemos que la Orden de los Franciscanos fue la primera enviada a las Américas por la Corona Española, con el fin de evangelizar a los nativos de esta parte del Mundo.
De acuerdo a los datos históricos se determina que su instalación y levantamiento fue en el año de 1566. Aquí nació la idea y realización por parte de Fray Jodoco Ricke (1498-1578), el mismo que provenía de la ciudad de Malinas, en Bélgica, localidad de reconocida tradición cervecera, quien también fuera en que trajo a nuestras tierras las primeras gavillas gramíneas de trigo y cebada, cereales que a partir de entonces fueron producidos en nuestras tierras. Productos estos indispensables para la elaboración de la bebida de tanta aceptación y popularidad como es la cerveza.
No se conoce, por no haber sido difundida la fórmula original que utilizó el fraile antes mencionado, pero hay conceptos que ha decir de muchos (antiguamente), que saborearon y se refrescaron con el producto, que le calificaron de primera calidad, resaltando que su elaboración artesanal predominaba y que por muchísimos años degustaron los conformantes del convento, con una cerveza ligera y clara se entiende para el consumo cotidiano y otra más fuerte, malteada, oscura y espesa para las celebraciones o ocasiones especiales.
Es probable que, nuestros nativos hermanos indígenas moradores de estas tierras preparaban en base de el maíz, una bebida algo parecida a la cerveza, LA CHICHA y que por sus orígenes y conocimientos el Fray Jodoco Ricke se haya propuesto fabricar la cerveza, más aún si el procedía de una región cervecera (la ciudad de Malinas – Bélgica).
Como se comprenderá por aquellos años y como lo hemos anotado, su elaboración era artesanal, fabricada por decirlo menos en una modesta destilería, pero predominando en todo tiempo su óptima calidad pese a los inconvenientes de la época, como por ejemplo el abastecimiento del líquido elemento, el agua, la misma que la tomaban de la vertientes del volcán Pichincha, aparte la cebada, levadura, lúpulo, etc., todo lo cual con dedicación procesadas en una pequeña barraca junto al huerto del Templo lo realizaban en bateas, toneles, probablemente de madera de roble para su fermentación y sabor, una paila grande, una gran tina para la mezcla de los elementos y largos maderos como remos para mezclar los ingredientes. Es así como los frailes del Convento de San Francisco de Quito, pusieron manos a la obra y se dedicaron a la tarea de la elaboración de la cerveza.
Almacenaba la cebada por unos días, luego la limpiaban de impurezas, seleccionaban los mejores granos, los remojaban con agua hasta que germinaren con la finalidad de que el almidón se convierta en azúcar soluble, luego malteaban el grano, lo secaban a una determinada temperatura, en algunas ocasiones lo tostaban con el objeto de obtener granos ambarinos, rojizos o cafés oscuros, de lo cual se derivaban las cervezas; pálida, dorada o negra.
Una vez procesada la cebada eran celosamente guardadas en grandes toneles para continuar con su elaboración y siguientes procesos, basados en las herramientas que utilizaban, las cuales todavía se conservan, pese a que la fabricación de la cerveza en el templo se cerró en el año 1969, pero su presencia en el recuerdo es imborrable, quizás porque las risas de tantos frailes a los que hizo “alegres, extrovertidos y felices” todavía resuenan entre las paredes del convento.
Junto a esta cervecería artesanal que funcionó más de 400 años hay una taberna, a un lado está la chimenea, una barra y mesas de madera rústica con sus respectivas bancas, que ambientan aún la estancia.
A decir verdad fue la primera fábrica de cerveza en América, su testimonio es imborrable, forma parte misma de la grandiosa presencia de la ciudad de Quito, rica en facetas de originalidad y privilegio, pese a que hoy tan solo es un recuerdo que con invalorable a la vez que incondicional afecto lo hemos querido resaltar.
Para finalizar tomo esta frase LA CERVEZA ES EL PAN DEL ALMA, es un dicho que se le atribuye aquí a los padres franciscanos, y un monje célebre, Martín Lutero probablemente estaría de acuerdo.
Ramiro Fernando Mosquera Regalado |